Volver a casa a los 40: El síndrome del nido lleno

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Volver a casa a los 40: El síndrome del nido lleno

Mensaje  ferro57 el Mar Jul 14, 2009 4:27 am

Volver a casa a los 40: El síndrome del nido lleno
María Borja
El nido se está llenando. A los hijos que no se terminan de marchar de casa se suman ahora aquéllos que, tras su separación o divorcio, regresan al hogar familiar.

María Luisa oyó hablar del síndrome del nido vacío a los 55 años. Había ido al médico de cabecera porque se encontraba deprimida y él le habló de esa dolencia que aqueja a muchas mujeres cuando sus hijos se van de casa. “Si no hubiera estado tan hecha polvo me habría reído -recuerda-. Pero me eché a llorar”. Aquel doctor bienintencionado no sabía que sus tres hijos -de 26, 29 y 34 años- habían vuelto a casa. “La pequeña, que vivía con nosotros, se quedó embarazada y se fue a vivir con su novio; pero vieron que no podían pagar el alquiler y me preguntaron si podían venirse a casa un tiempo. Un año después, mi otra hija se separó; que si el marido no le pagaba la pensión, que si no le daba para el alquiler… Se vino con sus dos hijos. Luego se separó el mayor. Y, claro, si a las chicas les había dicho que podían volver a casa...”. Así, Luisa tiene en casa tres hijos, un yerno y tres nietos. Y muchas tensiones. Su médico ya no le habla del nido vacío, sino del nido lleno.

Regreso al hogar

El caso de Mª Luisa, con tres hijos “retornados”, puede ser excepcional. Pero cada vez hay más casos de hombres y mujeres que regresan al hogar paterno, normalmente tras una separación. Si a eso le sumamos el retraso en la edad de emancipación de los jóvenes, nos encontramos con muchos padres maduros, cuando no ancianos, que viven con sus hijos adultos.

Esta situación, a juicio de Mª Dolores Ortíz, psicóloga especializada en gerontología, no tiene por qué ser un problema, sino “el reflejo de una realidad social, de una nueva estructura de la familia. Además, a menudo los padres se sienten bien al ayudar a sus hijos y seguir siendo útiles”. Pero esa sensación no tiene nada que ver, advierte, “con la explotación que ejercen muchos hijos, que entienden que sus padres, por el hecho de serlo, están obligados a sacarles las castañas del fuego. Voluntariedad sí; obligación no. Y, por favor, que no se presione a los progenitores con la idea de que, si no ayudan a sus hijos, son unos malos padres”.

Economía del divorcio

Detrás de un regreso a la casa paterna suele haber un divorcio. Y, en estos momentos de dificultades económicas, los casos aumentan llamativamente, según Justo Sáenz, presidente de la Confederación Estatal de Padres y Madres Separados. “La crisis ha afectado mucho a los divorciados -afirma-. Se han quedado en el paro, han agotado sus prestaciones o sus condiciones salariales han cambiado. Hay más que no pueden seguir pagando el alquiler del piso compartido... y vuelven con sus padres”. Es lo que le ha ocurrido a Fernando, gestor administrativo de 38 años. “¿Cómo se puede vivir con 500 € al mes? -se pregunta-. Es lo que me queda tras pagar mi parte de la hipoteca y las pensiones de mis hijos. Me encantaría ser independiente, pero he tenido que volver con mis padres. Me siento un fracasado”.

Esta realidad, tradicionalmente masculina, ha llegado a las mujeres: si el hombre no puede hacer frente a los pagos comunes ni a la pensión, se desequilibra la economía de la madre, que no puede pagar el hogar conyugal y vuelve con sus padres. Pero los motivos no siempre son económicos, señala Justo Sáenz: “Al divorciarse, muchas personas rompen vínculos emocionales y sociales, y se refugian en la familia. También pueden necesitar a sus padres para que les apoyen, en el sentido amplio de la palabra, hasta que reestructuren su vida”.

¿Y cómo afecta todo esto a los padres? Dolores Ortiz apunta que “muchas veces se sienten frustrados porque sus hijos, a los que creían ya asentados, vuelven. Y, además, hay que reajustar la economía, los espacios y los tiempos, que no suele ser sencillo. Los hijos que regresan deben ser conscientes de que no pueden partir la vida de sus padres. No pueden perpetuarse roles infantiles”.

La psicóloga Mª Jesús Álava está de acuerdo: “Muchos problemas vienen de la actitud de los hijos. Se relajan y piensan que sus padres están ahí para ocuparse de todo”. Muchos padres, por lo “bajini”, denuncian esta situación. Virtudes, ama de casa de 60 años, dice que su hijo vive como un adolescente. “Se casó a los 29, se divorció a los 32 y lleva tres años en casa, tan contento -dice-. Cuando estaba casado limpiaba, planchaba… Aquí no hace nada. Mis otros hijos me dicen que no le haga las cosas pero, si pongo una lavadora, cómo no voy a meter su ropa”.

La situación se complica cuando hay niños. Si quien regresa es el progenitor custodio -normalmente la madre-, los abuelos deben cuidarlos mientras ella trabaja. Y si es el padre, los niños que van los fines de semana se quedan muy a menudo a cargo de los abuelos, “porque el padre reivindica su derecho a salir y a rehacer su vida”, explica Mª Jesús Álava.

Los que aún no han volado

El Informe de la Juventud en España afirma que, de los jóvenes de 25 a 29 años con trabajo, el 39% de los varones y el 29% de las mujeres viven en casa de sus padres.

Ellos suelen alegar los precios de la vivienda. Mª Jesús Álava, psicóloga denuncia que “quieren irse en condiciones de lujo y no se plantean compartir piso”.

En ocasiones, los padres (y, sobre todo, las madres) favorecen que el “retoño” continúe en el hogar familiar.


“Mi madre es la que me anima a que me vaya”
Jorge Cerezo. Ejecutivo, 35 años.

“A los 30 años, me fui a vivir con mi novia a EE.UU. Tres meses después de casarnos, ella falleció. Mi mundo se vino abajo y volví a casa de mis padres. En un primer momento, el apoyo de la familia era esencial. También tenía que poner en orden mi vida, buscar otro empleo… Hoy soy director general de un grupo editorial. Hay quienes me preguntan por qué, con mis ingresos, sigo viviendo con ellos, pero la respuesta no es sencilla. He ido a ver muchos pisos pero, me niegan el crédito… Así que aquí sigo. Mi madre es la que más me anima a que me vaya. Me acompaña a ver pisos... También dice que soy un desastre y que tendría que ayudar más. Supongo que tiene razón”.

“Me gustaría vivir sola con mis niñas”
Dori Colmenares. Limpiadora, 44 años.

“Cuando me separé, hace cinco años, vine a vivir con mi madre. Me gustaría estar sola con mis dos hijas, pero no puedo: cobro 500 € y mi ex marido me paga 300. Hace dos meses ha vuelto también mi hermano, de 40 años, que se ha separado de su chica. Me ayuda en todo y no tengo ningún problema con él... aunque sí con otros hermanos. Por otra parte, mi madre tiene 78 años, anda con problemas del corazón. Si yo falto, se me muere. Las niñas le dan mucha vida”
http://custodia.no-ip.org/noticias/?p=843

ferro57

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